Pocas veces te llamé por tu nombre.
Todo ha pasado tan rápido, como una pesadilla interminable que me recuerda tu ausencia. Escucho tu voz como la sabia consiencia que guíara mis desiciones cuando mi ética y valores se vean nubladas por mi inexperiencia, replicaré tu paciencia en cada uno de mis actos y con alegría saludaré a todos los que me conocen sin perder la picardía que nos regalaste en vida.
Cada vez que tenga hambre, recordaré que hay una sorpresa en la guantera. Que una voz apacible me despejará mis dudas y que la mejor extensión que armaste fue tu familia y la nobleza de tu sonrisa.
Nos volveremos a ver abuelito.
Tu Sergimio.
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