jueves, 17 de octubre de 2013

Saul Dammert

Yo la recuerdo llorando, suplicando por amor. Ella decía que no podía vivir sin un hombre que la haga sentir mujer, yo siempre la escuché, con el tiempo me convertí en su amante. Nadie buscó herir, ambos buscamos sentir algo que nos mueva el bobo. Y lo encontramos, parcialmente pero lo encontramos, ella en mi cuello, yo en sus piernas, en esos lugares estaban escritos los versos mas impuros que podrán existir.

Su punto más delicado era el vientre, ella se retorcía de placer cuando llegaba a su ombligo, respiraba fuerte y luchaba contra las sogas. Comenzó a gemir, a gritar descontrolada, degenerando el lugar, gritando obscenidades y retándome a continuar mi sadismo. En su trance sexual ella pedía mi cuerpo, exigía dolor. Vendé sus ojos para motivarla a sentir sin sugestión, llevé la vela hacia su cuerpo y la vertí en su hombro, ella respiró profundo y pegó un grito agudo que me obligó a cerrarle la boca con mis manos. Mientras la cera se secaba formando una especie de capa protectora en su piel, ella gritaba con firmeza: Dame mas.

El acto había consumado, el juego de roles terminó. Yo me acerqué para liberarla y ella susurró el nombre de otro.


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