Tenía todo lo que quería, una casa grande, un cuarto enorme, ropa y zapatos de marca, gente a mi disposición, estudiaba en una de las mejores universidades del país, manejaba un auto del año, tenía amigas, mis padres vivían conmigo y tenía siempre dinero.
La comodidad y los lujos siempre han sido mi prioridad, mis padres y yo asistiamos a reuniones de etiqueta y me presentaban a sus amigos como su hija y ya; viven en su mundo ahogado de preocupaciones, ahogado de deberes diarios que yo, suelo ser la hija cuando se acuerdan.
Jamás recuerdo una palabra de aliento para mi, una caricia o un "estoy orgullosa de ti hija", nunca he sido mala hija, cuando pedía su ayuda a una opinión siempre era: "Estoy ocupada", "Anda a comprarte lo que quieras toma la tarjeta", "Anda cuentale a tus amigas yo no tengo tiempo", " dile a tu nana que te ayude"; si, es lógico, he vivido con mi nana desde que tengo uso de razón, ella ha sido la figura que me ha dado calor familiar a pesar de no ser nada mío, pero ella no era suficiente.
Vivo eternamente cansada, quiero terminar con esto, agarro mi bolso, mis llaves, mi cajetilla de cigarros favorita y voy a la cochera, enciendo el auto y mientras calienta, prendo un cigarro, quito una lágrima de mi mejilla y salgo a toda velocidad, a ver si en el camino encuentro la serenidad que no hay en mi vida.
Perdida
Berenice Whitman
23 años.
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