martes, 13 de agosto de 2013

Rene Acosta

Enlistarme en el FBI habia sido una de mis mejores decisiones, graduada muy joven y con reconocimientos hizo que amará cada día de mi vida.

El encuentro con el peligro llenaba mi frente de extasis, mi espalda se ergüía ante tanta adrenalina y cuando capturabamos a los malos sentía un placer por ayudar.

Eran las 11:00 en una embozcada un hombre tenía a una rehén de mi edad aproximadamente, la tocaba lascivamente y me decía que la mataría si me acercaba, recibí la orden de no matarlo pero al verlo y ver a la chica sufriendo hizo que perdiera el control, aprovechando mi buena puntería, le di un disparo en la cabeza.

Llené un papeleo en la agencia, llegué a mi casa me di un baño y fui a la cocina, con la luz de la calle colandose por la ventana me serví un trago, en el apasible silencio y en la oscuridad se fue materializando el cuerpo de una, dos, tres, siete, diez, doce, veinte figuras masculinas, todas con rostros conocidos, personas que yo había matado, que yo había acabado con sus vidas, que yo había visto como se les iba la vida de los ojos, que yo... si no estuviera en el bando correcto sería como ellos.

Rene Acosta
Agende del FBI

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