martes, 12 de noviembre de 2013

Romina Plaza

El caballero se levantó de la mesa para contestar su móvil y dejó a su acompañante. Ella tomó un gotero de su bolso y dejó caer unas gotas en la bebida del caballero, miró a su alrededor y cruzamos miradas, me sonrió y llevó su dedo hacia sus labios invitándome al silencio. Retomé mi lectura y no volví la vista hasta que sentí su presencia frente a mi mesa. Entre una y otra palabra extranjera entendí que era Russian, me señalaba con su dedo largo y acusador. Tomé mis cosas y me retiré, no podía aguantar el amenazante ruido que esa perra blanca hacía.

Llegué a casa. Me desprendí del peso que llevaba encima y puse el agua en la tetera para aliviar mi ansiedad. ¿Acaso ese hombre era importante? 
Me senté en el sofá viejo que traje de la casa de mamá y me llevé unas cuantas nueces a la boca antes de comenzar a escribir. El caballero se levantó de la mesa para contestar su móvil y dejó a su acompañante. Ella tomó un gotero de su bolso y dejó caer unas gotas en la bebida del caballero, miró a su alrededor y cruzamos miradas, me sonrió y llevó su dedo hacia sus labios invitándome al silencio. De pronto escuché unos ruidos desde la puerta principal de la casa.

No volví la vista hacia la computadora hasta que sentí su presencia frente a mi. Me apuntaba con un arma.

Romina Plaza
27 años
Comisaría del condado de Klerr  
Testimonio # 4

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