miércoles, 3 de julio de 2013

Amado Cornelius

Ella lo besaba con descaro, ignorando mi presencia se entregaba a él sin importar las miradas que acusaban tanta insolencia. Era un desastre, el maquillaje se había corrido de tanta saliva en la cara. Mordía su cuello desenfrenada, creyendo succionar la sangre y lo que quedó de su fragancia barata. Se escondieron en la oscuridad, en la esquina de la disco, buscando "comodidad". Estaban ebrios de lujuria, sus manos depravaban inocencia en miradas ajenas que murmuraban censura. Dejé de mirar cuando sentí que ella volteó a mirarme. Su mirada era desconocida, nunca la vi tan perra. Compre unos cigarrillos y salí del lugar, no podía aguantar tanta decepción. Miles de ideas pasaron por mi mente, muchas emociones contenidas elevaron mi adrenalina y cada vez respiraba más fuerte, el humo era amargo, el aire era escaso. Cerré los ojos y regresé al lugar.

Amado Cornelius, 32


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