Yo le dije que crecería, solo tenía que esperar y la tierra hará su magia. Era la primera semilla que plantaría la pequeña Atzy. Se emocionó al preparar juntos la tierra, combinando un poco de musgo, arena y humus. Decoró con esmero cada macetero reciclado, seleccionó sus semillas, perforó la tierra con sus dedos y sembró. Regó las plantas con dedicación, sonreía todo el tiempo ansiosa por verlas crecer repentinamente. Esperó paciente durante horas, cada vez que secaba la tierra, la volvía a regar. Llegó la noche y preguntó.
¿Por qué no crecen papá?
Debes esperar que el corazón de la semilla comience a latir.
¿Cunando va a salir de la tierra?
Debes contarle un cuento cada vez que terminas de regarla y verás lentamente cada mañana crecerá.
Así lo hizo. cada dos días de acercaba a sus plantas. Al tercer día creció un pequeño tallo. El brillo de sus ojos contuvo mi llanto, se me acercó, me abrazó fuertemente y no olvidare las palabras que me dijo; Gracias papá por enseñarme que los cuentos pueden hacer latir corazones.
Renzo Urigazague
Memorias de Atzi
1993
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