Le dije al mundo que vivía feliz, que una señorita como yo tenía lo que siempre quiso y que era hermosa de todas las maneras posibles.
Caminaba por la calle como modelo de pasarela, escuchaba risas a mis espaldas pero para mi eran como aplausos, escuchaba silbidos y propuestas indecentes que parecían agrandar mi ego de mujer.
Mis amigas eran casi hermosas como yo, todos los viernes nos reuniamos en el bar y nos adueñabamos del tubo y de los tragos libres; aceptaba invitaciones de los hombres mas guapos y los llevaba a la cama.
Una vez que llegaba a mi departamento y me paraba frente al espejo, dejaba caer la peluca, deslizaba el vestido y con el, el brassiere con relleno, los tacones y la la venda encima de la ropa interior, para ocultar ese "bulto" que no me hacia nada femenina.
Quitaba el maquillaje, las pestañas postizas y frente al espejo encontraba parado a un hombre de unos 30 demacrado por la noche anterior, pero al llegar a los ojos y mirar hacia el fondo, veía una mujer desnuda, encerrada y lista para salir.
Hector Marquez
30 años
Cuerpo de hombre, alma de mujer
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