Ella era sutíl para caminar delante de mi escritorio que me hacia recordar a ti cuando te conocí por primera vez, con su poca experiencia a flor de piel intentaba seducirme con faldas muy cortas y blusas con transparencia, me traía el café con galletas a la oficina y durante varios días se ofreció a hacerme masajes.
Ella con sus 25 ligeros y yo con 45 años, un matrimonio a rastras y tu recuerdo cada vez mas frío en mi cabeza; cuando ya no me besabas, huías de mi o siempre estabas cansada para mi. Ella llegaba a calentar lo que tu recuerdo enfriaba.
Una noche se ofreció a acompañarme en la oficina a terminar unos informes, de pronto ella se soltó aquella melena oscura que tanto me exitaba y empezó a desabrocharse la blusa, mientras veía relucir su piel nívea bajo sus dedos, ella jamás apartó su mirada de mi, veía como su deseo crecía y en el fondo estaba yo, deseandola.
Caminó hacia mi, me besó, su aroma a jazmín me caló hasta los huesos, me olvidé hasta de mi nombre, por un momento sentí que la quería, que siempre la había deseado. La abracé y sin apuro tiré todo lo que había en mi escritorio, la recosté y la miré, fue como verte a ti años atrás cuando hice el amor contigo la primera vez.
La hice mía y en la punta del líbido dije tu nombre una y otra vez, ella tan paciente arrancó tu nombre de mis labios y alivió el veneno que estabas dejando, desde esa noche ella juega a ser mi mujer y yo ... Yo su amante...
Roberto Cancino
45 años
Gerente
25 años de casado
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