domingo, 21 de julio de 2013

Sam Stewart

Todos los días era lo mismo, poesía escrita en mi carpeta, como si no tuviera suficiente tener que lidiar con los tontos que decian que tenía un admirador secreto.

No me dejaban en paz, nadie sabia quien era pero yo por buscar mi paz un día decidí llegar un poco mas temprano para descubrir a mi "admirador", en efecto lo vi, sin ninguna hoja, en silencio y con un lápiz; era Ernesto.

El muchacho mas retraido y sin amigos del aula, me sentí tan decepcionada que entré al aula y lo encaré: "Ernesto ya basta de estas tonterías, deja de escribir en mi carpeta, tu no existes en el salón ni para nadie, para mi estás muerto"

El me miró y en silencio se fue a sentar, pasaron los días y ya no encontraba poemas en mi carpeta, pero un día de casualidad lo vi escribiendo en un cuaderno universitario que jamás soltaba.

Pasó el tiempo, salimos del colegio, pasaron 10 años y jamás supe de Ernesto, nunca iba a los encuentros y nadie sabia nada de el.

Un tiempo después un hombre vestido de negro se aparece en la puerta de mi departamento entregandome una caja que según el, era una herencia de una persona que la había dejado para mi.

Mi curiosidad fue tal que inmediatamente abrí la caja y fuí a caer al suelo sentada, era el cuaderno de Ernesto, algo maltratado pero era de el, como olvidarme.

Le pregunté al hombre que había sido de Ernesto pero me respondió: "Lo siento señorita, El Señor Ernesto se suicidó hace dos días, hoy leyeron su testamento y cumplo con el pedido del Sr"

Se fue y yo no me moví, no quería creerlo, mientras pasaba los dedos por las hojas recordaba sus ojos ámbar mezclados con esa mirada penetrante, se habían apagado, ya no los vería jamás.

Leí todos los poemas y lloré desconsoladamente, todos hablaban de mi, de cosas que yo no era, de cualidades que no tenía, de virtudes que no poseía y él me había hecho una mujer perfecta en su poesía.

Al final del cuaderno había una nota
"Sam, sabes jamás me arrepentí de morir para ti, mi vida es cada una de estas letras que ahora te pertenecen, mi vida te ha pertenecido desde que apareciste en mi vida, mi vida a sido tuya desde que iluminaste la vida de este pobre poeta, te la entregó para que tu seas eterna, para que quizá ahora entiendas que mientras escribía en silencio y no te sacaba de mi cabeza, más te amaba, porque Sam, yo te amo"

Sam Stewart
27 años
Sentada en el hall
Intentando asimilar la noticia

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