martes, 23 de julio de 2013

Micaela Evans

Era una tormenta ir a dormir, cuando apagaba las luces, me acostaba y me tapaba, sentía su prescencia, no me dejaba en paz, respiraba sobre mis cabellos y hasta sentía sus dedos en mi espalda.

Si soñaba siempre era con ella, el mismo sueño una y otra vez; un cuarto un espejo enorme que nos separaba, mismo vestido color verde, los mismos zapatos, el mismo lazo, ella se parecía a mi, cabellos rubios lisos, ojos grandes, los mios eran verdes, los de ella grises, y una piel muy pálida.

Cuando despertaba ella siempre estaba al pie de mi cama mirandome y luego desaparecía, movía las cosas en mi cuarto y hasta apagaba las luces, no le tenía miedo pero ya era insoportable convivir con ella.

Un día una gitana en la calle me jaló del brazo y me dijo: Niña, la que te sigue y te busca es tu propio demonio, espera que te pase algo para poder poseerte, no te dejes.

Desde allí intento ignorarla todo el tiempo.

Micaela Evans
18 años
Perseguida por su propio demonio

No hay comentarios:

Publicar un comentario